Spirit of Fuerteventura

Guía de Fuerteventura y Revista Estilo de Vida

Es importante comprender que no se pueden insertar directamente genes extraños en una célula, debido a las barreras naturales entre especies que rompen o inactivan el ADN foráneo. Así que, los científicos incorporan primero el gen ajeno a un virus que será el vector de transferencia para la introducción del gen a la célula. La utilización de vectores infecciosos para insertar los genes constituye una de las múltiples razones por las que el proceso de ingeniería genética es arriesgado por naturaleza. Desde los años ‘70 hasta los ‘80 estos organismos experimentales quedaron confinados en los laboratorios. Esta actitud responsable fue abandonada en los años ’90 cuando empezó la carrera para la comercialización de la tecnología genética y su aplicación práctica a la medicina y a la agricultura. Nos hablaron de “Un Mundo Feliz” donde las nuevas plantas serán resistentes a la sequía, a los insectos y a las malas hierbas. Los alimentos serían mejores, más seguros y el hambre desaparecería de la faz de la tierra. Estadísticas demuestran que los países donde se ha explotado el cultivo transgénico masivo son los más pobres, pero la gente sigue muriendo de hambre mientras en sus territorios se cosecha el doble de los productos alimentarios que ellos necesitarían. La gente pasa hambre porque los medios de producción y distribución de alimentos están controlados por empresas privadas y corporaciones que han monopolizado el uso de la semilla transgénica. El desequilibrio ecológico provocado por el monocultivo ha tenido como resultado una reducción de la biodiversidad, con lo que se disminuye la seguridad alimentaria y se incrementa la vulnerabilidad de los cultivos ante enfermedades, plagas de insectos y malas hierbas. Los agricultores tratan de contrarrestar este fenómeno con dosis siempre más elevadas de pesticidas creando un círculo de agotamiento y destrucción. El único objetivo de la ingeniería genética a pesar de estos hechos permanece en aumentar las ventas de productos químicos y transgénicos cada vez más dependientes. Los científicos que trabajan para las corporaciones biotecnológicas cruzan las barreras entre especies con la ayuda de vectores agresivos, muchos de los cuales proceden de virus causantes de enfermedades que pueden recombinarse con otros virus existentes en el entorno y generar nuevos patógenos. La modificación genética de cultivos se ha explotado masivamente sin ninguna comprobación previa adecuada de sus impactos a corto y largo plazo, tanto sobre el Medio Ambiente como sobre la salud humana, por lo tanto es mejor no comer productos modificados genéticamente y no incrementar los negocios de las corporaciones que están jugando con nuestra vida usándonos como a cobayas. La actual legislación europea obliga a etiquetar los productos que contengan OMG o ingredientes que deriven de estos. Se trata de un primer paso, fundamental para que podamos ejercer nuestro derecho a elegir alimentos sin transgénicos. Pero hasta ahora no hemos encontrado ninguna etiqueta con esta información. En www.greenpeace.es aparece una guía roja y verde de alimentos transgénicos.

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